La UNNE bajo el feudo del aparato

De cuna del pensamiento crítico a comité partidario

La Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) fue concebida para ser el motor intelectual, científico y moral del Litoral argentino: un espacio de excelencia, pensamiento crítico y pluralismo ideológico destinado a impulsar el desarrollo real de la región. Sin embargo, tras más de tres décadas de hegemonía ininterrumpida del oficialismo provincial, la casa de altos estudios atraviesa una degradación institucional sin precedentes. Las fronteras entre la academia, el Poder Ejecutivo provincial y la estructura partidaria han desaparecido por completo, convirtiendo a la universidad en un engranaje electoral más y en una usina de favores políticos.

Una caja de convenios y dobles funciones

Lo que en su momento se presentó como una integración estratégica entre el Estado y la universidad derivó en una trama opaca de convenios, consultorías y transferencias discrecionales. En Corrientes, la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales funciona prácticamente como la sede central y el comité operativo de la Unión Cívica Radical (UCR). Allí se expiden títulos de validez nacional bajo una matriz de adoctrinamiento y disciplinamiento ideológico donde el pluralismo brilla por su ausencia. Esta cooptación se ve agravada por una escandalosa superposición de funciones: funcionarios del Poder Ejecutivo, legisladores y magistrados ocupan simultáneamente cátedras titulares de alta influencia, vulnerando de forma sistemática el régimen de incompatibilidades y destruyendo el mérito académico.

Loteo de feudos y vaciamiento de valores

Paralelamente, el escenario interno refleja un reparto casi feudal del poder. Mientras el radicalismo domina los despachos principales de la administración y las facultades del lado correntino, en el campus de Resistencia dependencias como la Facultad de Humanidades son administradas por sectores afines al peronismo. A este loteo ideológico se suma el rol de las agrupaciones estudiantiles hegemónicas —encabezadas por Franja Morada—, que han cambiado los valores éticos de la Reforma del ’18 por un pragmatismo corporativo: la representación en los consejos estudiantiles se ha reducido al reparto de favores, prebendas y obsecuencia hacia la cúpula de turno.

De espaldas a las demandas del desarrollo regional

Esta hiperpartidización genera una profunda ceguera institucional frente a las demandas reales del país y del mundo. Mientras la sociedad globalizada exige desesperadamente ingenieros, tecnólogos, científicos, arquitectos con visión ambiental y profesionales de la salud, la UNNE perpetúa modelos educativos saturados. Es ilustrativo recordar cómo años atrás se debió cerrar la carrera de Escribanía por la superpoblación de graduados; sin embargo, no se aplican criterios similares de reconversión académica a facultades hoy cooptadas por la burocracia política. Mientras carreras críticas como Medicina u Odontología enfrentan cupos estrictos y limitaciones presupuestarias para ampliar su infraestructura, se destinan ingentes recursos a sostener estructuras que solo sirven para la militancia de aparato.

La doble moral del poder universitario

El panorama alcanza su pico de cinismo en la conducta de sus máximas autoridades. Ver a rectores y decanos participando activamente en reuniones de comité y negociaciones partidarias para luego encabezar marchas en la calle bajo la proclama de «defender la educación pública» es una muestra de doble moral insostenible. Utilizan la causa presupuestaria como un escudo mediático para encubrir privilegios, opacidad y el vaciamiento moral de los claustros. Ni en las épocas más oscuras de la historia argentina se vivió una sumisión institucional tan marcada donde la gestión académica se ejerce con la lógica autoritaria de un patrón de estancia.

Recuperar la dignidad de los claustros

La UNNE no puede continuar funcionando como el apéndice de una Casa de Gobierno ni como una agencia de colocación de cargos. Salvar la educación pública exige terminar con los convenios discrecionales, fiscalizar la incompatibilidad de funciones y atreverse a reestructurar la oferta académica hacia carreras tecnológicas, sanitarias y productivas. Recuperar la autonomía universitaria es la única vía para que el título profesional vuelva a ser un certificado de idoneidad y la universidad recobre su dignidad como motor de progreso para el Nordeste argentino.

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